15 junio 2011

Maria...


A pesar de lo avanzado de la noche, no podia desatender la llamada.

- Señor, vuelve de nuevo a las andadas. Se lo ruego: acuda.

Mientras cruzaba la ciudad recordaba la ultima vez que acudí a su casa. Era su segundo ataque, segun me comentaria posteriormente por teléfono su marido, un conocido empresario bastante avanzado en todo: en dinero, en ocupaciones, en amigas y en edad....

Los ataques de rabia de Maria cristalizaban en su entorno proximo, y hoy, como hace unos meses, la angustia antecedió a la rabia, y esta condujo al odio. El camino hasta la más pecaminosa lujuria, como la que en estos momentos se cebaba en Maria, masturbandose desnuda delante de los empleados de la finca,  era el paso mas facil para una pecadora como ella....

LLegué pasada la media noche a la finca. Uno de los mayordomos, silencioso y educado me condujo a la puerta de la habitacion donde otro más guardaba la entrada.

- Hemos logrado meterla en su habitación. Solo Dios sabe qué hace dentro. Hoy despues del café, la señora nos citó en la salón a todos los varones que trabajamos en la casa y cuando llegamos estaba completamente desnuda. El resto, supongo que se lo habrá contado el señor.

Me franquearon la puerta con respeto y sonó de nuevo la cerradura tras de mi. Una inmensa cama con dosel presidiía la elegante habitación, aderezada con suvaes telas y colores pastel. Maria estaba sobre la cama. A pesar de conocer su desnudez, dibujar de nuevo con mis ojos su traviesa sonrisa, sus firmes senos aderezados por una rotunda aureola, la blanca y tersa piel que desciende mas alla de su pequeño ombligo, el sucinto vello que antecede al misterio de su sexo, sus piernas infinitas...

- Pensaba Padre, que los sacerdotes no se empalmaban...
- Y yo pensaba, Maria, que las señoras no necesitaban dar este tipo de espectaculos...
- Pues aun no he comenzado con el suyo.....
Y sin mediar palabra mojó sus dedos en la boca y cerrando los ojos los dirigió al centro de su placer, donde mi vista tan solo podia imaginarlos. A medida que sus dedos bailaban suavemente entre sus muslos, estos se abrian a mi vista y conocimiento mostrandome la belleza de su sexo, pequeño, sonrosado y húmedo... Maria me miraba con ojos brillantes mientras sus dedos se esforzaban mas y mas...

Apartando mi vista de la tentadora imagen, me volví a mi cartera para sacar de ella todo lo necesario y sin mediar palabra, me dirigí a la cama donde Maria estaba a punto de abandonarse a un nueveo placer. Retire su mano de su sexo para rodearla con una cincha de cuero. Sus dedos olian afrutados e imaginando el sabor que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no aproximarlos a mis labios... Ate con la colaboración de Maria sus muñecas a cada palo del dosel y ahora me entregaba solícita sus piernas, que antes de inmoviliar recorrí dulcemente con mis manos, desde el peqúeño pie, pasando por el huesudo tobillo, la carnosa rodilla, el recio muslo.... tan cerca estube de su sexo que mi olfato pudo identificar aquello que habia impregnado sus dedos.

- Padre.... no se pierda. Y deme lo que necesito de usted.... se lo ruego

Maria lucia desnuda e inmovil sobre la cama. Me senté junto a su rostro, peinando los cabellos que lo ocultaban. La belleza de su cuerpo se acrecentaba con la belleza de su obligada sumision.

- Ahora, pagaras por tu rebeldia...

Y elevando mis vestiduras, pude por fin liberar mi tremenda ereccion, que comencé a deslizar a escasos centímetros del rostro de Maria, que con la lengua completamente fuera de su boca, se maldecia por no ser capaz de probar.... una de mis manos comenzó a recorrer su lascivo cuerpo mientras la otra me brindaba masaje allá donde mas lo necesitaba, situando mi miembro a escasos centimetros de su boca... Maria pugnaba por romper sus ataduras pero tan solo era capaz de avanzar unos escasos centimetros sobre mi... o sobre lo que ella deseaba... mis dedos probaron su humedad mientras mi sexo lucia henchido y morado y notaba mis riñones a punto de explotar... Maria, sintiendome próximo comenzó a gemir, a chillar, a insultarme.... Cerré los ojos en el mismo instante en que sentí como me vaciaba sobre el rostro de Maria...... sobre su cuerpo.... sobre sus sábanas...

Maria seguia gritando cuando comencé a recoger con mi dedo cada una de las gotas de mi, que poblaban su piel para darselas a beber, lentamente... Sus ojos brillaban y su boca entreabierta recibia con glotoneria cada uno de mis dedos.

El siguiente paso debia comenzar, y para ello necesitaba algo de humedad entre su nalgas. Mis dedos empezaron a usar los restos de mi esencia para depositarla en su oscura entrada y comenzar a distendirla para mi.....

3 comentarios:

firemoon dijo...

Continúalo, Carlos, me encantaría saber cómo acaba... Siempre he querido una cama con dosel para que me hagan justo esto... y lo que quieran. Besos

Nuda Veritas dijo...

Mejor que un crucifijo y el agua bendita.

Te abraza,

Nuda

Shang Yue dijo...

(voy a cambiar el "me parece que", por "sé positivamente que...")

sé positivamente que Monseñor Sch. no te llega ni a la suela de los zapatos (ni al límite del alzacuellos)