12 julio 2011

Nata derretida...

Era un lujo de habitación. Era, y es,  tu habitación...

La 803 es tu territorio. El lugar en donde te aíslas del mundo y generas un irreal entorno pleno de sensualidad, de calor, de plácido abandono de la realidad que fluye allá abajo... en el asfalto de un Madrid ingrato... tras los sucios cristales de los mas altos despachos... entre las 4 paredes de mamparas de falsa madera, con plantas de falso verdor....

Tomabas desnuda el sol en tu 803. Nunca sabré por qué a mi me permites atravesar la puerta de esa octava planta... por qué, de vez en cuando, me silbas, como Campanilla a Peter Pan, para que acuda a tu lado y me brindas el atravesar tus otras puertas.....la de tus brazos... la de tus ojos.... y las menos veces, las de tu corazón.

Desnuda estabas en esa terraza cuando Peter Pan llegó con sus helados de chocolate y nata, y desnuda me sonrió tu tristeza. Y desnudo me aproximé al calor del sol y al de tus muslos entreabiertos, cuyo oscuro y húmedo calor, quema a veces aun mas... 

- Tu helado se derrite.... dijiste por fin, mirándome
- No. Lo derrites tu......

Y con traviesa delicadeza comencé a acariciar tus senos con la nata helada, que en contacto con el calor de tu piel comenzó a derretirse aun mas, manchándote por completo. La fría y pringosa caricia erizó tus pezones que fueron engullidos por mi ardiente boca... Cerraste los ojos al mismo tiempo que abriste tus piernas. Bebí hasta la última gota de tus senos mientras tus gemidos se derramaban por la terraza.... y mi helado comenzó a gotear el camino a tu ombligo, que llené de nata.... que recogí con mi lengua, ávida del dulce de tu piel. 

Mi helado se desplazó ahora a tu sexo, y con mi mirada clavada en la tuya, Campanilla, comencé a dibujar de nata tus otros labios. El frío los contrajo levemente.... la levedad que tardó tu deseo en anegarlos de afrutada y cálida humedad que, junto con la blanca nata, se derramaba hasta perderse entre tus nalgas. De rodillas ante ti, mis dedos jugaron con el centro de tu placer para brindárselo a mi lengua henchido y brillante.... excitado ante el juego de sensaciones. Calor, frío..... nata, besos.... caricias, deseo.... labios, helado...

Tus gemidos inundaron la terraza y mi garganta.... y tu placer se derramó a lo largo de la 803... y el olor afrutado de tu alma inundó la ciudad anunciando que por fin, la primavera había llegado.