24 septiembre 2006

Tercer Tiempo... (2)

Una vez liberado mi endurecido miembro, Ana continuaba estrujandolo entre sus nalgas...
El espacio era oscuro y angosto; un frio volumen ocupaba el centro; ambos estabamos apoyados contra las frias pardes que lo delimitaban. El aroma de nuestros cuerpos, de nuestro deseo y de los humores destilados por su sexo y el mio, nos estaban desbocando.
Sujetando firmemente del pelo a Ana, la obligué a sentar su culo sobre aquello que nos interrupia constantemente y a girando su cabeza hacia mi, a hundir en su boca mi glande.... Ana gimio y agarrando firmemente con su mano derecha mis testiculos, tiró sin compasion de ellos hacia si para hundir entera mi verga, que se estrelló contra su garganta. El grado de excitacion no me permitia aguantar mucho en este primer comabate... y ademas, mis planes eran otros.
Cerca ya de mi orgasmo, y con Ana alargando mis testiculos hacia si, hundí aun mas mi mano entre su cabello para obligarla a retirarse.... tuve que tirar con fuerza para liberarme a tiempo... Manteniendo apenas la punta de su lengua solo sobre la base de mi glande, me derramé desaforadamente sobre mi mano izquierda. Ana, dirigiendo su lengua hacia ella, intentaba saborear el caliente liquido...
- Solo te permito limpiar. Este liquido lo necesito para ti.
Con la mano en el pelo la hice levantarse.... y de rodillas sobre aquella especie de frio banco del centro... comenzo a recorrer delicadamente mi excitado glande... lentamente fue paladeando toda su extension y todo su sabor. Mientras... despues de que Ana hubiera se hueviera elevado, comenzé a acariciar su espalda con el torso de mi mano... bajandola poco a poco hacia sus nalgas con su espeso contenido intacto... Al notar mis caricias, Ana entreabrio ligeramente sus piernas permitiendo mi acceso y sobre todo, permitiendo que depositara el liquido junto a su ano... y con mi dedo indice impregando en mi, comencé a lubrificar su entrada.
Ana volvio a gemir ahogadamente. Esperé algun gesto de aprobacion o no a mis intenciones... La respuesta se la proporcionó a mi verga, que volvio a desaparecer entre sus labios mientras recuperaba su ereccion...

06 septiembre 2006

El tercer tiempo...(1)


Ana era azafata. Cuando ambos coincidíamos en la capital, solíamos disfurtar juntos acudiendo a todo tipo de eventos. Aquella tarde Ana acababa de aterrizar con el vuelo semanal que viene de Santo Domingo. La habia ido a recoger con mi coche. Salió de la terminal como is de una musa se tratara: botas de caña alta, vestido abierto de algondon en blanco roto... vaporoso, muy vaporoso; su rubia cabellera elegantemente despeinada... y una deslumbrante sonrisa iluminando toda la terminal.
- Hola Carlillos.... donde vamos hoy?
- He previsto tarde de Baloncesto... cena de arroz y cava... y postre a elegir
Con un tierno beso en mis labios el plan quedó aceptado. Mientras conducía hacia el centro y la conversación divagaba por diversos temas intrascendentes mi mano derecha acariciaba su muslo izquierdo entre cada cambio de marcha... intentando atraparlo entre mis dedos.
De la mano accedimos al campo: grada vip con bebidas y algo de tapear incluido. Television de plasma para las repeticiones y cristal para evitar todos los ruidos de campo y mantener climatizado el habitáculo. Solo un problema: el partido era tediosos por momentos. Aguantamos dignamente el primer y segundo tiempo... pero para el tercero, Ana ya estaba dedicada a incordiarme bajo la camisa y mis manos ya conocian sobradamente su tanga (¿blanco?). El calor subia por momentos en el box y a cada rato una agradable señorita nos brindaba (e interrumpía) con una bandeja de algo: frutos secos, jamon... En un momento en el que nuestras lenguas exploraban mutuamente las profundidades de nuestras gargantas, ya no pude más... y cogiendo de la mano a Ana abandonamos raudos la sala, y como en una alocada carrera abri una puerta, luego otra... un pasillo oscuro, a la derecha luego otro pasillo, una puerta a la derecha, oscuridad un reducido espacio tras otra puerta... oscuridad y silencio: todo lo que necesitaba..
Coloque a Ana contra la pared, mientras mis manos ascendian libidinosas por sus muslos, bajo su vestido, en busca de aquel dichoso tanga... Ella, de espaldas, apretaba sus nalgas contra la dureza de mi pantalon... Con su tanga en mi mano, comencé a desabrocharme para permtirle que accediera a mi intimidad... aquel espacio comenzaba a impregnarse del olor de nuestros deseos..