30 noviembre 2005

El dibujante

Ilustración: Schiele

Tras el paso por el vetusto COU del Instituto de mi ciudad, tuve la peregrina idea de aprobar el examen de selectividad y marcar con una "x" la facultad de Bellas Artes de aquel dichoso impreso de seleccion de estudios. La entrada en aquel edificio cambío la percepcion de mi entorno para siempre. Mientras me dirigía a mi clase me cruzaba por los pasillos con personas de edad indefinida, como aquel sujeto (compañero?? profesor??) que arrastraba un carrito atado a una cuerda y sobre el que llevaba una piedra de buenas dimensiones: "debo encontrar su alma y para ello necesitamos compartir mucho tiempo juntos" me dijo mirandome.
Tras una temporada de adaptación en la que no faltaban fiestas de exaltacion a la agricultura (sobre todo de cannabis) o de loas al solsticio de primavera, comencé mi cuatrimestral de Practica Artistica. En ella fundamentalmente conociamos diversas tecnicas y su aplicacion al hecho pictórico: una de ellas es la acuarela en el desnudo. Durante las tardes de invierno, diversos ayudantes (alumnos de la facultad que cobraran por horas para ayudarse a pagar los estudios) se desnudaban delante de nosotros adoptando posturas libre, una cada 5 minutos, tiempo en el que debíamos captar la esencia de la figura y plasmarla en trazos rápidos de acuerela en nuestro cuaderno Guarro. Llevaba muy bien la asignatura... hasta que apareció Eva. Eva era una ayudante más de la clase. Con absoluta frialdad llegaba a la clase, atravesaba el aula dirigiendose a un pequeño biombo situado en una de las esquinas y allí se despojaba de su ropa, tapandose con unas bata blanca que se quitaba tras situarse sobre una tarima iluminada a tal efecto... y ahi, al tercer dia, empezaron mis problemas. Fuera la postura que fuera, Eva se las arreglaba para mirarme, y yo, aunque intentaba mirar su cuerpo con la distancia del artista sabía que me estaba mirando... y a partir de ese momento, me abandonaba el artista tanto como mi riego sanguineo abandonaba mi cabeza para descender y, en medio de la clase, a uno de los artistas en proyecto le era imposible disimular su prominente ereccion. Cuando intenté acudir a clase con una bata bajo la que disimular mis "problemas", Eva empezó a adoptar posturas mucho mas sensuales, manteniendo siempre su sexo a mi vista. Mi rendimiento en la clase calló en picado; era incapaz de esbozar adecuadamente nada en el papel. Mi turbación era tal que el propio profesor, un dia que la mirada de Eva me estaba aravesando entero, se percató de mi incapacidad pictorica y acercandose a mi me dijo: Creo que has perdido el trazo... la inspiración, seria conveniente que practicaras en casa porque a este paso veo peligrar tu cuatrimestre. Si te parece hablo con Eva para que pueda ayudarte en casa... El sábado por la tarde, mientras esperaba a Eva en mi apartamento, saque mi mochila con las acuarelas, la bata... y cuando llegó... y se desnudó lentamente ante mi, sin biombo... la inspiración acudió a mí, a todo mi; a mis manos, que recorrieron sus formas sinuosas lentamente; a mis labios, que paladearon su cuello, sus senos, su sexo; y a mi sexo, que inundo su interior una y mil veces.... Desde aquel dia mi trazo, mi inspiración, brota por cada uno de mis poros, y cada vez que Eva, subida a su tarima, me mira... un volcan inunda mi cuerpo... y mi cuaderno

2 comentarios:

zinn dijo...

La inspiración, la sensualidad, la sexualidad.

Debió de ser un sueño el estar con alguien tan deseado.

un beso.

Anónimo dijo...

No еstoy del todo de acuerԀo con el art�culo, sin embargo eѕt� cߋrrecto lo
qսe se dice.Bien hecho

Para sеɡuir leyendo pueden visitar Juan